[True Story] Limonada para el alma


reencuentros

Estoy dándole los últimos toques a la próxima edición de “Capitana” con el clásico entusiasmo “cintita”. Es que hay proyectos que me encantan tanto que doy saltitos en la silla, mientras escribo. Sí… soy  rara! jajajaja.

Y mientras trabajo, tomo mate (aquí la receta del mate, definitivo!). Aunque en estos días de calor insoportable en lo único que piensa el cuerpo es en una rica y fresca limonada. Algo que calme la sed, que nos deleite, que nos refresque. ¿No les pasa?

En la vida, sin querer o queriendo, vamos en búsqueda de limonadas. Situaciones, personas, oportunidades que nos deleiten el alma. Que calmen nuestra sed de quimeras, de maravilla. Vamos en busca del milagro, como el sediento en busca de agua.

Y los milagros ocurren. Siempre.

Solo que a veces estamos tan ocupados despotricando del calor que nos olvidamos de abrir los ojos para ver ese vaso enorme de limonada fresca y deliciosa que nos ofrece la vida. A veces son encuentros casuales (bueno, vamos, que las casualidades sabemos que no existen) que cambian nuestra vida. A veces solo instantes que nos recuerdan que el mundo está lleno de magia. Pero siempre transforman nuestra manera de ver lo cotidiano.

 

limonada

 

3 encuentros, la misma magia

Siempre me gustaron los chicos. Me llevo bien con ellos. Amo sus reflexiones, su mirada, su ser en el mundo. En el fondo creo que seguir siendo un poco niña hace que congeniemos… la cuestión es que soy un imán para los chicos, o ellos son un imán para mi. Bue, soy un imán para los chicos y para los pelotazos… pero ese es oooootro tema.

Todavía recuerdo con cariño a una nena en particular. Estaba yo en la plaza con el hijo de una amiga, ella – una nena q tendría unos 3 años- vino muy resuelta a preguntarnos si podía jugar con nosotros, se sumó a la aventura y nos divertimos muchísimo. Yo por ese entonces era una adolescente.

Pasaron unos años. Yo veraneaba en una playa. Una mañana, muy temprano, estaba mirando el horizonte y siento una manito que toma la mía y me dice:  “Hola amiga!” Miré hacia los lados y no vi a nadie, hasta que bajé la vista: Una nena con una sonrisa enorme y un flequillo gracioso sobre sus ojos.

Hago lo que hace toda persona que está intentando ser adulta: mirar hacia la playa en busca de sus padres. A lo lejos un abuelo me saluda. Me quedé mirando a la nena que me sonreía, feliz. Y nos pusimos a jugar con las olas, tomadas de la mano.

Luego de un rato ella me dice: “¿No te acordás de mi no?” y antes que le respondiera, -o quizás viendo mi cara de desconcertada- me dijo: “Un día jugamos juntas, yo era más chiquita, hicimos un sendero de naves espaciales que cruzaban todo el arenero y también una torta con arena, palitos y hojas.”

No pude evitar sonreírme. Para mi esa nena era otra. Es que los chicos crecen tan rápido.

Siguieron pasando los años. Viaje en bondi. Una adolescente me mira y me mira. Yo pienso lo clásico: me peiné? tendré la cara manchada de tinta? se me desabotonó la camisa? … La miro y le sonrío. Había algo en su mirada que invitaba a sonreír. Esa era justo su parada, al bajar se da vuelta y me dice: “hasta luego amiga”.

Lo escribo y se me pone la piel de gallina y se me llenan los ojos de lágrimas. Tal y como aquel día.

Podría decir que es una de esas cosas raras de la vida.

Pero parece ser que en mi caso no es nada raro. ¿O será que la rara soy yo?

Advertencia:

Cada día la vida nos sorprende con milagros inesperados. Milagros diversos. Pequeños, enormes, reiterativos, espontáneos, extraños. Milagros que nos recuerdan  que la vida hay que vivirla con los ojos abiertos. Milagros que son como vasos enormes de limonada, un día caluroso de verano.

¡Abre los ojos!

¿Alguna vez les pasó?

¿Encontrarse con alguien que sienten que conocen desde siempre?

¿Reencontrarse?

 


Acerca de Cin

Sra d 40, aunque parezca d 30. Mi secreto: cocinar, reír fuerte, conectar y soñar despierta. Asesoro a emprendedores sobre redes sociales y blogging. Acá juego :-)

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