Educar con magia, alas para soñar


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Queremos lo mejor para nuestros hijos ¿verdad?

Si le preguntas a cualquier madre, es muy probable que te diga: “quiero que sea feliz”.

Ahora, resulta que a veces confundimos lo que a nosotros nos da felicidad con lo que les da felicidad a ellos. Entonces nos privamos de observarlos, de conocerlos, de ayudarlos a desarrollar todo su potencial. Damos por sentado que son una extensión nuestra o nos aferramos a la posibilidad de que se conviertan en lo que no pudimos ser.

Obviamente tendrán gestos parecidos, hasta incluso puede que les guste las mismas cosas. Pero no nos confundamos: ellos son seres independientes, únicos e irrepetibles. Ellos son, por sí mismos. Y se merecen nuestro respeto a su naturaleza y a su ser personas.

A veces también confundimos la felicidad con lo material. Entonces los llenamos de cosas y los sumergimos al mundo del consumo haciéndoles creer que tener más es ser más. Que quien te quiere es quien te da cosas.

Que cosificante y superficial. ¿Verdad? Pero cuando hacemos eso, de alguna manera es porque nosotros nos hemos creído ese modelo.

Los niños aprenden más de lo que ven que de lo que escuchan como “discurso armado”.

Ser padres es ser mejor persona. Ser padres es estar atentos, primero a nosotros mismos y a nuestras conductas.

Estar atentos a no replicar patrones nefastos, a no crear mandatos o fomentar estereotipos. Ser padres es desarrollar una gran capacidad de observación y escucha, de reflexión. Ser padres es tener la valentía de rectificar cuando sea necesario.

Educar con magia

Educar es meditación en acción, o al menos así debería ser. Educar es esparcir la magia, inspirarnos e inspirar. Educar es aspirar y accionar por  un mundo más justo para todos, un mundo en el que el valor esté puesto en las personas y no en las cosas. Un mundo en el que sea más importante Ser que tener o saber. Educar es equilibrar… y equilibrar es un proceso alquímico. Por eso, en algún punto, ejercer la maternidad es hacer magia.

Se pierde la magia cuando nos dejamos atrapar por la rutina, el formalismo; cuando dejamos de sentirnos como parte fundamental del desarrollo humano (del propio y del ajeno); cuando dejamos de sorprendernos; cuando dejamos de reflexionar acerca de nuestras propias acciones y perdemos coherencia entre el decir, el pensar, el sentir y  el hacer. Nuestro polvo de hadas se convierte en polvo -solo polvo-  nuestros propósitos, en deseos y nuestro rol se opaca hasta quedar reducido a transmisor de conocimientos o, muchas veces, a la nada misma.

Moviendo nuestra varita mágica

Estamos atravesando tiempos difíciles, tiempos de dolor, desconcierto, impotencia, inercia, maldad, egoísmos, ignorancia, esclavitud. Si algo hay que aprender en estos tiempos es a estar alerta (sin temer) y tomar el compromiso de acompañar a quienes más nos necesitan en el momento que se nos presente.

Podemos acompañar a un anciano que se encuentra perdido en el laberinto bancario de tarjetas, tramites y malos tratos; podemos acompañar abrazando a un niño que sufre y se manifiesta violento o arrogante; podemos acompañar escuchando, dando una palabra de aliento; podemos acompañar dando el ejemplo en cada instante; pidiendo perdón, perdonando; saliendo a la calle a manifestarnossonriendo; comprendiendo; reflexionando en voz alta.

Si educar es extraer las potencialidades latentes y nutrir, cómo podríamos hacer lo uno y lo otro sin un toque de maravilla, sin renunciar a mirarnos el ombligo, sin entregarnos amorosamente, sin confiar en la grandeza de quien educamos y sin confiar en nuestra propia luminosidad y capacidad nutricia.

Solo siendo maravillosos, sintiéndonos maravillosos podremos educar con magia y colaborar en la construcción de un mundo brillante, de mil colores complementarios y una sola realidad: el amor y la fraternidad.


Acerca de Cin

Sra d 40, aunque parezca d 30. Mi secreto: cocinar, reír fuerte, conectar y soñar despierta. Asesoro a emprendedores sobre redes sociales y blogging. Acá juego :-)

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