Lo que aprendí de la muerte 6


muerte

 

“Cada persona que ves, está luchando una batalla de la que tú no sabes nada. Sé amable siempre”

El Principito

 

Hace un tiempo que vengo pensando en escribir este post, solo que no encontraba las palabras, solo que no encontraba las fuerzas, solo que no encontraba el momento en que me doliera menos.

Hay experiencias que son tan personales y tan intensas que uno tiende a guardarlas para si. Es cierto: nunca se está preparado para despedir -para siempre- a quienes ama.

Nunca.

Aunque no crea que la muerte sea el fin. Aunque tenga la certeza que el cuerpo es solo una vestimenta que cambiamos vida tras vida. La partida es dura. Nos dice que hasta aquí llegamos. Que no habrán nuevos recuerdos, ni palabras, ni lágrimas, ni cosas por aprender de su voz y su mente. Que no habrá más abrazos, ni más “no es hermosa mi hija?”, que se silencian las charlas, los mirar al horizonte en silencio -pero juntos- los mails con “pegale una leída y decime a ver que te parece, Cintita”, que ya no habrá más caricias en el pelo, ni llamadas a las 9. Q se acabarán las notas manuscritas en tus amadas fichas amarillas (fichas que tu nieta eligió conservar y usar para contar historias), que ya no habrá más “google drive” compartidos, que se terminaron los calendarios con las fechas marcadas de tus cursos.

Las mil anécdotas y las mil ideas para cambiar el mundo. Tus dichos, tan tuyos y tan amados. Todo silenciado.

Los mates, tus tucos, tus estofados y tus torrejas de soja, tu pan amasado. Tus ojos, brillantes como los de aquel día que Aimé escribió por primera vez en tu máquina eléctrica con todos los dedos y orgulloso escribiste de puño y letra la fecha, como hacias con todo.

Que la muerte no se lleva los recuerdos, las vivencias ni el amor, pero silencia las risas nuevas y las conversaciones.

Despedir a quienes amamos es como quedarse a oscuras. Como sentir que te faltan el aire y las ganas.

Es  un  dolor que no lastima, pero traza surcos en el alma. A veces,  de esos surcos crecen abismos que te separan del resto por un tiempo… a veces de esos surcos germinan bosques que te hacen mirar al cielo, respirar hondo y continuar.

El tiempo, ese que te arrebata, también te da.

No fue la primera, ni será la última muerte que me toque vivir. Pero es la más significativa. La más desgarradora. Es tu muerte pá!  Aunque te siga soñando te voy a extrañar toda mi vida, todo lo que me quede de ella.

Lo que aprendí

Y si hay algo que me enseñaste, junto con mamá es que de todo se aprende. Y más allá de la tristeza hay que atesorar cada aprendizaje y compartirlo.

Aprendí que un abrazo puede sostenerte, contenerte, chocarte, o unir tus partes rotas. Que no importa cómo se vea, lo que vale es lo que se transmite desde el corazón.

Aprendí que los abrazos valen mucho más que las palabras. Que las palabras en estos momentos suenan vacías, porque si bien la mente comprende, el corazón está ensordecido y abombado. El corazón no quiere que le expliques las razones, que uses frases hechas, que digas por decir. El corazón solo quiere sentir tu amor.

Y aprendí que el amor se siente siempre,  a pesar de la distancia.

Aprendí que todos necesitan sentirse amados.  No importa en qué idioma hablen, todos necesitan a alguien que les sostenga la mano,  le acaricie la cara, y lo mire con ternura… aunque sea es un completo desconocido. El amor cura lo que la medicina no llega a entender. El amor cura el alma y la soledad.

Aprendí que todos los enfermos son tus enfermos.

Que si estás en un espacio es porque te toca ayudar a quienes lo necesiten. No importa si son  enfermeros, camilleros, médicos o parientes.

Aprendí que una palabra cálida y una mirada serena puede calmar al tipo más rudo del condado y sacarle una sonrisa a pesar de la fiebre, de la hora y pico que tardó para llegar al hospital, a pesar del miedo y de la rabia.

Aprendí que se aprende de todos. No solo de lo que te dicen, sino más bien de lo que hacen y de cómo lo hacen.

Aprendí que los médicos siguen siendo humanos, que algunos sufren de antipatía congénita y que otros son tan compasivos que te querés quedar flotando a su lado simplemente para respirar esa serenidad del que sabe lo que hace, pero no se la cree.

Aprendí que el prepotente en realidad tiene miedo o no sabe cómo enfrentar el miedo ajeno.

Aprendí que los gritos, los llantos desgarradores pueden rasgar el aire y las almas 10 km a la redonda.

Aprendí lo que es el cansancio moral.

Aprendí que todos los que van a morir lo saben, aunque no lo sepan. Que los puntos siempre se unen hacia atrás y solo recién se comprende todo el sentido de cualquier trama.

Ay pá! Sé que ya no tenés ojos físicos para leer estas palabras, ni manos para dejarme alguno de tus comentarios tan dulces… pero sé que me escuchas y que siempre vas a estar cerca, para cuidarme.  Nos vemos en la próxima viejo, quiero seguir aprendiendo de vos y admirando tu fuerza para luchar por todo aquello en lo que creíste. Te amo!

A todos los que están pasando por un momento triste les dejo un abrazo fuerte, un abrazo de corazón a corazón.

Todas las palabras se vuelven insignificantes, cuando el dolor las ahueca. Lo sé. Pero les juro que un abrazo puede volverlas a llenar, poco a poco, tramo a tramo, día a día hasta que vuelvan a ser suaves y adorables.

Les dejo este texto precioso que me compartió Beta: “como un salvavidas” , me dijo; y era verdad:

“La muerte no es nada

Sólo me deslicé a la habitación contigua

Yo soy yo, y tú eres tú

lo que fuéramos el uno para el otro

eso mismo seguimos siendo

 

Llámame por mi nombre de siempre

háblame de la manera que siempre lo hiciste

no pongas ninguna diferencia en el tono

no uses un tono forzado de solemnidad o pena

 

Ríe como siempre lo hicimos

de las pequeñas bromas de las que siempre reíamos

Juega, sonríe, piensa en mí, reza por mí

Haz que mi nombre sea siempre la palabra hogareña que siempre fue

Haz que sea pronunciada sin esfuerzo

sin el fantasma de una sombra en él

La vida sigue significando lo que siempre significó

Es la misma que siempre fue

 

Hay una continuidad absoluta que no se ha roto

Qué es la muerte, si no un accidente sin importancia?

Por qué debería estar fuera de vuestras mentes

sólo porque no estoy a la vista?

 

Te estoy esperando en el intervalo

en algún lugar, muy cerca

justo a la vuelta de la esquina

Todo está bien

nada es pasado, nada se ha perdido

sólo un breve instante y todo será como antes

Cómo reiremos ante el problema de la despedida cuando volvamos a encontrarnos!

 

(Canon Henry Scott-Holland, 1847-1918, Canon of St Paul’s Cathedral)

 


Cuando muere un mago… varitas arriba. Gracias Vilu por esa hermosa imagen! Te amo, hermosa.


Acerca de Cin

Sra d 40, aunque parezca d 30. Mi secreto: cocinar, reír fuerte, conectar y soñar despierta. Asesoro a emprendedores sobre redes sociales y blogging. Acá juego :-)


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6 ideas sobre “Lo que aprendí de la muerte

  • Maria Virginia Podesta

    CIntia querida…. Siempre nos llenas de magia y aunque te toquen descolgadas como yo que siempre vuelven a empezar porque su vida es un torbellino, aca me paro y te digo lo que siento al leerte en este dolor tan hondo y tan profundo. Tenés enseñanzas, tenés la magia de los recuerdos y un sin número de maravillosos aprendizajes que podrás transmitir a tus hijos. Hay quienes no tenemos qué contar al respecto de un ¨padre¨. Nada hrá que el dolor no duela. Nada impedirá que rompas en llanto como una niña que necesita esos abrazos que han sido tan abarcativos. Pero tenés un tesoro preciado. Quizás yo pueda decirte esto porque el vacií de no tenerlo también se lleva toda la vida. Porque vas a sonreir mil veces al acordarte y otras tantas llorarás como niña pequeña- Pero tu papá siempre vivirá en vos. Estará en los olores de la infancia, en los lugares que visitaron juntos y en todos los momentos que viviste en estos años. Nadie está preparado para la muerte. Quisiéramos que nuestros seres mas queridos vivieran hasta el ultimo de nuestros días porque queremos ese amor. Pero es cierto…el amor cura. Y hoy seguramente tendrás otros amores que te aliviaran esta tristeza…. de a poco. Tiempo al tiempo. Porque volverá a brillar con fuerza cada palabra, cada momento en que tu padre se haga presencia. Abrazos enormes de oso… Porque los abrazos,aunque virtuales, alivian los dolores del alma.

  • SANDRA IUDICELLI

    Conmovida profundamente, me toco pasar por dos perdidas muy importantes durante el 2016 y aún procesandolas. Tus palabras fueron muy inspiradoras.

    • Cin Autor

      Oh, querida Sandra!! Son épocas duras, q tengas la fortaleza para pasarlas. Sé que sí. Te mando un abrazo muy muy fuerte, uno que una tus partes desgarradas.